Artículo de Rafa Hernández “Gaia“
La resurrección de la Copa de España, parece todo un acierto de la RFEDI. La inexistencia de una competición nacional atractiva, capaz de motivar a quienes por falta de medios, de talento o por simple decisión personal, no llegan a las OPAS y demás charangas, era uno de los lastres históricos de nuestro deporte.
El pasado fin de semana en Belagua daba gusto ver calidad y cantidad de participantes. Duelos igualados y sin tregua en casi todas las categorías. La coincidencia con los Campeonatos de Euskadi y Navarra (otra buena idea) ayudó y mucho. Por algo son los dos territorios en los que mas y mejor se comprende, practica y apoya eso que llamamos deporte aficionado y que, en mi personal forma de entender la vida, deberíamos denominar simplemente deporte.
Que el parto haya empezado con buen pie no significa que nos vayamos todos a fumar a la puerta del sanatorio. La mala elección de las sedes junto a la falta de interés de las territoriales tecnificadas, fueron los verdugos de su primera vida. En esta nueva reencarnación el apoyo de los grandes equipos parece garantizado, al menos mientras sus resultados sean clasificatorios para las competiciones internacionales. Cuidemos entonces la elección de las sedes que en eso vamos por mal camino.
El Valle del Roncal es el lugar perfecto para casi todo. Tanto sirve para hacer montaña, como para disfrutar de un fin de semana con tu pareja o con quien se preste a hacer las veces. Es bonito, tranquilo, acogedor y hasta romántico. Tiene decenas de alojamientos con encanto en los que dormir equivale a descansar y en los que se aprecia la distinción entre comer y alimentarse. Sus gentes son afables de modo auténtico, sin aspavientos. El circuito de la Contienda es una zona agradable para pasear con raquetas, para esquiar en familia, para disfrutar con los amigos o para enseñar a los críos a frenar y girar en alguno de sus trepidantes descensos terminados en curva y piedra… pero resulta inadecuado para una competición de ese nivel. El trazado, estrecho y peligroso, impide que los competidores se expresen. La carrera se convierte en un concurso televisivo. En una especie de “Gran Prix” en el que hemos cambiado la vaquilla por la pista negra y los troncos locos por unas tablas de skating.
Caídas obligadas, atascos sin sentido, adelantamientos imposibles … dejan insatisfechos a los participantes. A los que salen a ganar porque a todos gusta que sean las fuerzas y no la fortuna quienes confeccionen la clasificación. Al resto, a las decenas y decenas de “populares”, porque lo de ir mas preocupado de no estorbar que de competir es incompatible con el placer.
Leo en el Diario de Navarra que la organización considera aprobado el examen de cara a unos futuros Campeonatos de España en este trazado. Cuanto hubiera deseado en mi juventud que tan generosos jueces calificaran mis exámenes de física. Al trabajo del personal de pista, clubes, federativos, voluntarios y delegados técnicos lo pondría un 15 sobre 10. Conseguir que se pudiera salir en “aquello” con la que cayó y con la que caía, parece consecuencia del agua milagrosa que abunda al otro lado de la frontera. Mas propio de Lourdes que de Isaba. Pero todo tiene un límite y como la antigua cita que aprendimos en el bachillerato: “lo que natura no da, Salamanca no lo pone”.
Tampoco la elección de la siguiente sede ha sido muy afortunada. Programar en Linza una Copa de España de nórdico es como anunciar el europeo de surf en el lago del madrileño Parque del Retiro. No nos engañemos. Seguro que me dejo alguno en el olvido. Mil perdones. Pero por estas zonas, circuitos para competir pocos: Candanchú, Benasque, Beret, San Joan, Navafría…
Que nadie quiera ver en estas líneas una sola palabra de reproche. Justo lo contrario. La Copa de España, además de necesaria, es una buena idea. Apoyarla y mejorarla cosa de todos.



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